Bronca, abrazos y gestos de grandeza: el minuto a minuto de lo que pasó tras el 1-0 de España

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El desenlace de la final del Mundial 2026 dejó una postal que pesó tanto como el resultado. España se quedó con la copa al imponerse 1 a 0 en el alargue, con un tanto de Ferrán Torres a los 106 minutos, y en el instante en que el juez esloveno Slavko Vincic marcó el final, el campo del MetLife Stadium se transformó en un cruce de bronca, lágrimas y forcejeos. La Albiceleste había llegado a esa instancia con una baja sensible —la expulsión de Enzo Fernández por doble amarilla tras una infracción sobre Pau Cubarsí, jugada en la que Messi reclamó sin éxito la intervención del VAR— y con las bajas físicas de Lisandro Martínez y Cristian Romero, que dejaron al equipo sin variantes para el tramo final. Ni siquiera el remate de Giuliano Simeone en el minuto 121, que se fue apenas por encima del travesaño, alcanzó para forzar la definición por penales.

Leo Messi condensó en su lenguaje corporal buena parte del golpe. Quedó de pie, con las manos en la cintura y la mirada perdida, como si necesitara procesar algo que no terminaba de entrarle; después se llevó una mano al cuello y terminó recostado en el pasto, ajeno por unos minutos al festejo rival que crecía a su alrededor. Recién pasados siete minutos del final empezó a sacarse las medias, los botines y las canilleras, todavía sentado en el mismo sector donde había visto consumarse la derrota. El quiebre definitivo llegó arriba del podio: tras recibir la medalla de subcampeón de manos del presidente norteamericano Donald Trump logró sostener la entereza, pero se largó a llorar apenas la tribuna argentina empezó a cantar su nombre; a su lado, Rodrigo De Paul tampoco pudo contener el llanto.

El momento de mayor tensión se dio lejos del podio, en medio de los abrazos españoles. Leandro Paredes tomó del cuello a Eric García en un cruce del que también fue parte Nahuel Molina. Thiago Almada intentó meterse para bajar los decibeles, pero terminó empujando a Gavi, que presenciaba la escena con la pechera de suplente puesta. Lionel Scaloni ingresó al campo junto a Walter Samuel para separar a los suyos, habló con Borja Iglesias para descomprimir la situación y, ya con los ánimos más calmos, se fundió en un abrazo con Luis de la Fuente. Minutos después, tanto Paredes como el resto del plantel terminaron saludando con corrección a los flamantes campeones en el pasillo de la premiación.

No todos eligieron el mismo gesto para procesar la caída. Nicolás Otamendi decidió no saludar a Rodri ni a Mikel Oyarzabal y, frente a las cámaras, le recriminó al mediocampista del Manchester City haber «condicionado» con sus quejas durante toda la semana previa a la final. Nicolás Tagliafico, que disputó el alargue con molestias físicas, quedó clavado en la mitad de la cancha viendo festejar a los españoles sin moverse. Facundo Medina fue el primero en quebrarse en llanto entre los suplentes; el gesto lo replicó casi de inmediato Nicolás González. En las antípodas se ubicó Emiliano «Dibu» Martínez, que recorrió el campo saludando uno por uno a los futbolistas españoles antes de acercarse a consolar a sus compañeros, decidido a mantenerse entero pese a la desazón generalizada.

Ya en zona mixta, Scaloni resumió el sabor agridulce de la noche: reconoció la superioridad española, agradeció el compromiso del plantel y remarcó que, cuando un equipo entrega todo como lo hizo el suyo, después «es muy difícil reprocharle algo». Antes de esas declaraciones, otro gesto había cortado por un momento la angustia generalizada: Lamine Yamal se apartó de los festejos para ir a buscar a Messi, que se puso de pie para el abrazo pese a que hasta ese instante había saludado a sus rivales sentado en el pasto. Los reconocimientos individuales del certamen tampoco favorecieron a los argentinos: Rodri fue elegido mejor jugador del torneo, Kylian Mbappé se quedó con la Bota de Oro tras sus dos goles a Inglaterra en el partido por el tercer puesto, y su compatriota Michael Olise cerró como máximo asistidor con siete pases gol. Fue, además, la despedida mundialista de Messi: seis Copas del Mundo disputadas, 21 goles y 12 asistencias, un cierre de ciclo que igual lo deja como el futbolista con más asistencias en la historia del torneo.

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